Lanzamiento libro Sociedad en acción: La contribución de las OSC en infancia y personas mayores

Del proyecto Sociedad en Acción, del Centro de Políticas Públicas UC y la Fundación Chile+Hoy, presentamos un extracto del libro ‘Comprometidos con Chile (…)’ que aborda el aporte de distintas instituciones de la sociedad civil en el ámbito de infancia y adultos mayores.

Las organizaciones de la sociedad civil

La sociedad civil está concebida como un sector que opera más allá de la lógica del Estado y del mercado. En términos prácticos, la sociedad civil se constituye por ciudadanos agrupados libremente para procurar el bien común y se caracteriza por ser un espacio donde priman la solidaridad y la autonomía (Irarrázaval y Streeter et al., 2017). Las organizaciones que componen este sector cumplen un importante rol en la sociedad, pues se constituyen en instancias de intermediación entre el Estado y los individuos (Neuhaus y Berger, 1993). El concepto de organización de la sociedad civil (OSC), utilizado en este estudio, ha sido definido previamente por el Centro de Estudios de la Sociedad Civil de la Universidad Johns Hopkins (JHU) y replicada para el caso chileno por el proyecto Sociedad en Acción, iniciativa conjunta del Centro de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Fundación Chile+Hoy. Gracias a este proyecto sabemos que, a 2015, existían 234.502 organizaciones de la sociedad civil distribuidas de manera descentralizada a lo largo del país, generando más de 310.000 jornadas de empleo y movilizando recursos correspondientes al 2,1% del PIB. Asimismo, se evidenció que este sector cuenta con una alta valoración de la ciudadanía, lo que es especialmente relevante en un contexto de desconfianza generalizada. No obstante, ha existido poca atención al trabajo diario que estas organizaciones realizan y los esfuerzos que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas. Respondiendo a esta necesidad, el presente libro sistematiza evidencia recopilada en torno a la contribución de distintas organizaciones de la sociedad civil a la infancia y las personas mayores. El foco de la investigación estuvo en identificar aquellos elementos específicos que constituyen el aporte particular de la sociedad civil.

Síntesis

Este libro sistematiza la contribución particular de las organizaciones de la sociedad civil en los ámbitos de infancia y personas mayores en Chile. A partir de la literatura se elaboró un marco teórico y una metodología para analizar los aportes de la sociedad civil, en general, y también en específico, con foco en los 31 casos estudiados. Los principales hallazgos respecto a las organizaciones de la sociedad civil trabajando en infancia y personas mayores son:

1. Se adelantan permanentemente a la identificación de problemáticas que no están siendo abordadas por las políticas públicas y cuentan con décadas de experiencia acumulada en el trabajo con niños y personas mayores. Durante el siglo XX, las OSC de infancia lideran la entrega de los primeros servicios destinados a cubrir las necesidades básicas de niños en situación de pobreza. Esto se traduce, por un lado, en programas para complementar la jornada escolar y, por otro, en soluciones residenciales que el Estado no tiene la capacidad de ejecutar. Asimismo, las OSC de adultos mayores se anticipan al sector público en la identificación de necesidades que surgen producto del aumento de la esperanza de vida de la población y ofrecen soluciones habitacionales a personas vulnerables que pierden su capacidad productiva con el paso de los años. En paralelo a la incorporación de iniciativas enfocadas en ambos grupos por parte del Estado, las OSC evolucionan y se diversifican para abarcar problemáticas desatendidas por la política pública. En el caso de la infancia, las OSC desarrollan intervenciones terapéuticas enfocadas en la prevención y promoción de la niñez, a través del trabajo familiar y comunitario –eje no impulsado de manera integral desde el Estado–.

2. Se enfocan en grupos en situación de vulnerabilidad económica y que cuentan con redes sociales y afectivas insuficientes, contribuyendo a mejorar su bienestar y calidad de vida. Tanto las organizaciones de infancia como las que trabajan con personas mayores se ubican preferentemente en comunas en las que habitan personas socioeconómicamente más vulnerables. No obstante, la situación económica de sus usuarios no es el único factor que guía las acciones de las OSC; también se consideran otras variables para determinar el nivel de carencia de las personas que son atendidas. Por ejemplo, las OSC que tienen programas de cuidados para personas mayores, se enfocan en acoger a individuos sin vínculos significativos o redes familiares que los acojan.

3. Complementan la cobertura de servicios sociales a lo largo de todo el país a través de la ejecución de programas del Estado . Las OSC de infancia ejecutan más del 90% del total de programas estatales dirigidos a la protección de los niños. Asimismo, asumen el cuidado de personas mayores con distintos niveles de dependencia, entregando una cobertura superior a la que ofrece el Estado. A modo de ejemplo, mientras las OSC tienen más de 200 establecimientos de larga estadía a nivel nacional, el Senama solo tiene 12, de los cuales cinco son ejecutados por OSC. Además, el trabajo familiar y la promoción de la infancia a nivel comunitario son dos aspectos con los que las OSC complementan las líneas de trabajo del Estado en el ámbito de la niñez.

4. Consideran las necesidades específicas de cada persona y de la comunidad en la que se insertan como elementos clave para el diseño e implementación de sus programas, generando permanentemente soluciones innovadoras y pertinentes. En el diseño de sus acciones, ambos tipos de OSC se basan en las características locales. En el caso de infancia, el uso de metodologías participativas destaca dentro de los esfuerzos de las organizaciones para nutrir el desarrollo de sus programas. Con el objetivo de dar una respuesta a las necesidades identificadas mediante estos procesos de retroalimentación, las organizaciones desarrollan innovaciones ideadas a partir de distintas fuentes; recogiendo experiencias internacionales que puedan ser aplicadas a su contexto o bien a partir de alianzas con otras instituciones. Las OSC de infancia han desarrollado 42 iniciativas que tienen como principal objetivo optimizar el trabajo con las familias y los niños, a través de terapias innovadoras. Las OSC de personas mayores, por su parte, han generado un total de 16 innovaciones, en su mayoría destinadas a fortalecer la funcionalidad de sus usuarios con la ayuda de actividades y espacios de encuentro.

5. Las OSC canalizan recursos materiales privados y públicos que se orientan a atender las necesidades específicas de los niños y personas mayores, contribuyendo a la formación y capacitación de colaboradores que trabajan con estos grupos. Las OSC levantan, gestionan y destinan recursos privados, públicos y propios para desarrollar programas. Además, ambos tipos de organizaciones diversifican sus fuentes de ingreso a través de alianzas con universidades, empresas y otras OSC. En el ámbito de infancia, se observan casi un centenar de alianzas destinadas a ampliar la oferta de acciones dirigidas a los niños y jóvenes, que se traducen en la realización de actividades deportivas, culturales y educativas. En paralelo, las OSC instalan y desarrollan capacidades en trabajadores remunerados y voluntarios. La mayoría cuenta con una política de cuidado del personal que se traduce en acciones concretas para mejorar el clima laboral y el bienestar de sus trabajadores.

6. Las OSC impulsan acciones que trascienden a su población objetivo y promueven cambios culturales, sociales y en las políticas públicas. Para ello, buscan visibilizar la relevancia de la infancia y las personas mayores en la sociedad. Las OSC inciden en la cultura del país al difundir los valores que impulsan su misión –especialmente los derechos y el buen trato a la infancia y la promoción del envejecimiento como una etapa de crecimiento–. En términos concretos, la mayor parte de las OSC publican estudios o despliegan campañas comunicacionales de manera recurrente. Adicionalmente, realizan diversas iniciativas de educación a la comunidad. A la par con la incidencia cultural y territorial, las OSC realizan distintos esfuerzos para nutrir y perfeccionar las políticas del Estado en base a su experiencia en terreno. La incidencia pública se lleva a cabo a través de mesas de colaboración público-privada y redes compuestas por organizaciones de la sociedad civil.

Catastro Nacional de Organizaciones de Personas Mayores

De forma adicional, para captar el aporte particular de las organizaciones de base compuestas por personas mayores, se realizó un catastro nacional que cuantifica el tamaño del sector y los beneficios al envejecimiento activo y positivo de sus miembros. Actualmente existen 13.310 organizaciones de personas mayores (OPM) en Chile, las que congregan a casi el 10% de la población mayor a lo largo del territorio nacional. La Región Metropolitana y de Valparaíso son las regiones que concentran la mayor cantidad de OPM en términos absolutos, con el 33% y 12% del total de organizaciones, respectivamente. Por su parte, la comuna que posee la mayor cantidad de OPM es Viña del Mar con un total de 376 organizaciones. A través de aportes a la salud, satisfacción y crecimiento personal de sus miembros, las OPM aportan de manera distintiva al envejecimiento activo de las personas mayores y al desarrollo integral de una sociedad en que este grupo de la población va en aumento.

Desafíos

Si bien las OSC realizan contribuciones distintivas al desarrollo social del país, también se observan desafíos a considerar.

Primero, es necesario clarificar la relación entre la sociedad civil y el Estado, con el objetivo de asegurar un servicio innovador, flexible y sujeto a estándares mínimos de calidad. Para esto, es preciso llegar a un consenso respecto a si las OSC son colaboradoras del sector o proveedoras de servicios. Dados los aportes de las OSC, tanto en infancia como para las personas mayores, se evidencia que su participación será más fructífera en la medida que su conocimiento del territorio y dinamismo sean una contribución que considere la necesidad de un seguimiento constante por parte del Estado. Evidentemente, responder a este desafío no es tarea única de la sociedad civil. Desde el ámbito público, resulta clave reconocer las bases para una relación de cooperación en la que el sector público provee las reglas y estándares de calidad esperados y la sociedad civil pone a disposición su experiencia, conocimiento local, capacidad de innovar, además del valor agregado que puedan añadir a los estándares mínimos definidos.

En segundo lugar, el financiamiento es un desafío que afecta al sector de manera generalizada. Por un lado, todas las OSC estudiadas declaran que no contar con financiamiento constante pone en riesgo la continuidad de sus programas. Esta situación limita el enfoque de su trabajo en torno a la urgencia y restringe, en el caso de infancia, la oferta de programas de prevención y promoción y, en el caso de adulto mayor, la atención de personas mayores autovalentes.

Como tercer punto, otro desafío es generar más y mejores mecanismos de rendición de cuentas para las OSC. Todas las organizaciones analizadas destacan la importancia de realizar evaluaciones sistemáticamente, con el propósito de adaptar sus programas a los objetivos deseados, generar evidencia y promover el aporte de su trabajo ante la ciudadanía. Adicionalmente, con miras a mantener la legitimidad del sector y la confianza que la ciudadanía le atribuye, es necesario avanzar hacia una sociedad civil capaz de transparentar la eficiencia de sus gastos y visibilizar su quehacer. Para esto, las OSC deben cumplir con estándares mínimos de calidad en los servicios entregados y dar cuenta de su labor tanto a su contraparte pública, como a sus miembros, donantes y la sociedad en general.